domingo, 5 de diciembre de 2010

let it b-leed





Nos íbamos a encontrar, pero no iba a venir. Quizás era Tomito el que sabía, o por ahí era Felipe el que se metió en mi sueño, la cuestión es que me acompañaba alguien pequeño. Nos ibamos a escondidas, con una excusa tonta, porque Padre no sabía.
Ya en el descampado (o sea, el lugar del encuentro-no-encuentro) me pesaba la mochila. Y era de noche y no iba a venir. Empezaron a salirse las cosas que tenía adentro: eran sus hojas escritas. Cartas, letras, dibujos... y el viento-no-viento las volaba. Yo las quería, las corría, y el pequeño insistía en que el viento (-no-viento) se las tenía que llevar. Pero yo las corría, y en cuanto las metía en la mochila, se volaban de nuevo. Y ya no importaba si no venía, se me volaban sus hojas!
Si se volaban sus hojas, de verdad que no iba a volver nunca más.
Refunfuñando, cada vez perseguía más hojas, y cosas -porque de pronto también se volaban cosas-...
Me desperté, me salió una flor y me sangró la nariz, para no perder la costumbre. 
Y pinté.


flor que me salió de la nariz ---------->

                             

No hay comentarios:

Publicar un comentario

vaca